Dos trabajadoras sociales en apuros (o cómo lanzarse al ejercicio libre de la profesión y no desesperar en el intento) – praxis gabinete social

Dos trabajadoras sociales en apuros (o cómo lanzarse al ejercicio libre de la profesión y no desesperar en el intento)

Es prematuro, sin duda, pretender dar consejos  otros profesionales del Trabajo Social que tengan en sus cabecitas el dedicarse al ejercicio libre de la profesión. Y también es exagerar (permitidnos la licencia literaria) el decir que, tan pronto, nos sentimos “en apuros”. Sobre todo porque sería faltar a la verdad y negar que seguimos llenas de energía positiva e ilusión por la puesta en marcha de Praxis y todo lo que para nosotras significa.

Sin embargo, no es menos cierto que en todo el proceso inicial de puesta en marcha del proyecto nos ha tocado vivir situaciones que nos han llevado a reflexionar sobre las dificultades añadidas que tiene convertirse en emprendedoras en un ámbito tan poco acostumbrado a ello como es el trabajo social. Y nos parece interesante compartir estas reflexiones (y las sonrisas que también nos han generado) porque, sin duda, hay momentos que, no por divertidos, dejan de ser significativos acerca de cómo se concibe, se ejerce y se conoce (o desconoce) nuestra profesión. Y porque, sin pretender ser presuntuosas, ya nos encontramos en posición de compartir con vosotros algunas máximas que creemos conveniente que asuma cualquier colega que pretenda embarcarse en una aventura similar. Hoy os dejamos un par:

 

  1. Tendrás que explicar muchas veces qué es el trabajo social

 

Somos trabajadoras sociales. Ni más, ni menos, Por eso, conscientes de nuestras capacidades, pero también de nuestras debilidades (por aquello de que el autoconocimiento es la base para el desarrollo personal…), nos pusimos en manos de unos estupendos asesores fiscales y jurídicos para poner en marcha nuestra sociedad.

Nuestros asesores son estupendos y muy profesionales. Tanto, que casi no se les notaba el desconcierto en los primeros encuentros, cuando les costaba entender a qué demonios nos íbamos a dedicar, cómo pensábamos ganarnos la vida con Praxis y en qué consistía exactamente “ser trabajador social”. Posiblemente por eso se empeñaron durante varias entrevistas en llamarnos “graduadas sociales”. No se lo tenemos en cuenta. Ahora, lo han aprendido muy bien.

Porque una de las cosas buenas que tiene ser trabajadora social es que nos sale ser pacientes y pedagógicas. Y, desde luego, en estos primeros meses de andadura, hemos implementado perfectamente que, para dedicarse al ejercicio libre del trabajo social, toca asumir que es necesaria mucha pedagogía. Dentro y fuera de la profesión. Y estar dispuestas a explicar todas las veces que haga falta que esta manera de ejercer la profesión es posible y, seguramente, necesaria.

  1. Asumirás que el trabajo social no existe como actividad económica

Iniciarse en el trabajo por cuenta propia conlleva aprendizajes y descubrimientos sorprendentes. Una de las cosas necesarias es darse de alta en el Impuesto de Actividades de Económicas. Como trabajador autónomo, se trata de comunicar a Hacienda a qué actividad económica te vas a dedicar. Y claro, no hay problema, porque existe un extensísimo listado de actividades en la que “hacer encajar” tu actividad. No hay problema…..excepto si tu actividad es el trabajo social.

Existe un epígrafe específico si tu empresa va a dedicarse al adiestramiento de animales o a la naturopatía, pero si se trata de prestar servicios profesionales de trabajo social, terminarás encuadrado en el genérico “otros servicios no contemplados” y teniendo que explicar varias veces – con más o menos pedagogía, según el día….- que no vas a dedicarte a prestar “asistencia y servicios sociales para niños, jóvenes, disminuidos psíquicos y ancianos” (esta definición da para otro post, todo hay que decirlo) que, – avisamos- será el epígrafe en el que verán lógico encuadrarte la mayoría de funcionarios en Hacienda, al explicarles que tu profesión es el Trabajo Social.

Vaya por delante que no tenemos nada en contra del adiestramiento de animales o la naturopatía, pero no deja de ser significativo el hecho de que una profesión como el trabajo social, con su recorrido histórico y con un valor científico que a estas alturas ya está reconocido por todos, no cuente con un reflejo más específico y ni siquiera se contemple como actividad económica.

Desde luego, a nosotras estas cuestiones nos hacen reflexionar sobre la necesidad constante de reivindicar y mostrar nuestra profesión y todos los caminos que con ella podemos recorrer. Y nos reafirman en la idea de que queda mucha, mucha, mucha, pedagogía por hacer.

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